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Disco / Maqueta / Banda

La balada de Roy Batty

Fernando Julián

2005
No lo sé!

Un soplo de vida que se quita en un instante, que se quita en una exhalación.
Algo tan valioso como a la vez pequeño, tan insignificante como inclinar un dedo.
Disfrutábamos del tiempo sin preocupación. Éramos diferentes, un prodigio de la creación.
Magia biomecánica de indefinible edad. Concebidos tan perfectos que no podíamos durar.
No sabemos apreciar lo que tenemos hasta que realmente carecemos de ello.
No sé cuánto viviré, no sé qué edad tengo. No hay nada peor que vivir con miedo.
Como un árbol que no hecha raíces, como el hijo pródigo buscando su hogar.
Con unas fotos trucadas y recuerdos que no viví. El tiempo se agota y está llegando mi fin.
Es hora de morir... ¡Adiós!

Es hora de elevar mis pensamientos a lo infinito del oscuro cielo.
Es mi hora de morir, bajo la lluvia ácida y el cielo gris.
Los clavos de mis manos se aferran a la vida, pero ésta es como el agua clara de la orilla.
¿Hablaba alguien de la pureza de la muerte? Cuando ella llega nada es más fuerte.
Que se abran los cielos de par en par, que bajen los arcángeles y me lleven a las puertas del más allá.
Ya no busco escapatoria y aquí yaceré con toda mi gloria.
Quedará mi grandeza por siempre perdida en los confines de la historia de la vida.
Flotando entre las brumas del tiempo, como lágrimas en la lluvia... como sal en la mar.
Es hora de morir... ¡Adiós!